martes, 29 de marzo de 2016

Los libros de química de todo el mundo quedaron desactualizados después de que la Unión Internacional de Química Pura y Aplicada confirmó esta semana el hallazgo de cuatro elementos nuevos.
Se trata de los elementos 113, 115, 117 y 118, descubiertos en las últimas dos décadas por científicos rusos, japoneses y estadounidenses. Estos completan la séptima fila de la tabla periódica.
Todavía no tienen un nombre oficial; por lo pronto se les conoce como ununtrium (Uut o elemento 113), unumpentium (Uup, 115), ununseptium (Uus, 117) y ununoctium (Uuo, 118).
En los próximos meses los científicos que descubrieron estos elementos sintéticos deberán ponerles nombre. Pueden llevar un nombre mitológico, de un mineral, un lugar o país, una propiedad o incluso un científico.
En 2009, por ejemplo, al elemento químico 112 le pusieron Copernicium, en honor al astrónomo polaco Nicolás Copérnico (1473-1543) y su símbolo fue Cp.
Los cuatro nuevo elementos fueron creados por el hombre -no se encuentran en la naturaleza- son altamente radioactivos y tienen una vida de segundos e incluso milisegundos.
Esta última característica dificulta su estudio y en consecuencia todavía no se sabe cuáles pueden ser sus usos prácticos.
Elemento asiático
Image copyrightAPImage captionEl equipo del científico Kosuke Morita confirmó la existencia del elemento 113 de la tabla periódica.
El elemento 113 puede tener una vida tan reducida como de un milisegundo, y su inestabilidad es tal que hasta ahora es inútil para usos industriales. Solo se utiliza para la investigación científica.
La primera vez que se habló del descubrimiento de este elemento fue en 2003 por un equipo ruso-estadounidense.
Pero no fue hasta 2012 que el equipo del científico japonés Kosuke Morita, de la Universidad de Kyushu, confirmó su existencia
Se trata del primer elemento sintético producido en Japón y es el resultado de la desintegración del elemento 115.
El isótopo más estable del Uut, el 286-Ut, tiene una vida útil de unos 20 segundos.
Microvida
El elemento 115, el unumpentium, existe menos de un segundo antes de descomponerse en átomos más ligeros.
Es altamente radiactivo y la primera vez que se habló del Uup fue en 2004 por científicos rusos.
Pero fue en 2013 que expertos de una universidad sueca confirmaron su existencia con nuevas evidencias.
Los científicos de Suecia lograron producir un nuevo isótopo de este elemento, que se transformó en otras partículas a través de un proceso radiactivo llamado descomposición alfa.
Esto permitió tener una mayor comprensión de la estructura y las propiedades de los núcleos atómicos superpesados.

Uno de los superpesados
El ununseptium (Uus, 117) es el segundo elemento sintético más pesado después del 118.
También es muy poco lo que se sabe sobre este elemento, pues no fue hasta 2010 que un equipo de expertos rusos y estadounidenses anunció su descubrimiento.
El Uus tiene una vida de escasos milisegundos, y lo que le permite sobrevivir este tiempo son las llamadas islas de estabilidad temporal entre protones y neutrones.
El más pesado
Image copyrightWiki CommonsImage captionAsí queda la tabla periódica con los nuevos elementos añadidos.
El ununoctium (Uuo, 118) tiene la mayor masa atómica de todos los elementos sintetizados hasta ahora.
En 2002 científicos del Instituto Conjunto de Investigación Nuclear de Dubna, en Rusia, confirmaron la existencia del Uuo.

Su átomo es altamente inestable, lo que dificulta su estudio experimental.
Sin embargo, con lo que se sabe hasta ahora, expertos estiman que bajo condiciones normales de presión y temperatura el 118 sea un sólido.
Como el resto de sus compañeros, hasta ahora el Uuo solo sirve para el estudio científico.


 blanco

lunes, 29 de febrero de 2016

La química, nuestra vida, nuestro futuro.

En la actualidad nuestra vida depende de muchas de las alteraciones que el ser humano a hecho gracias al conocimiento sobre la materia  y su manipulacion.

pero realmente estamos cocientes de lo que podemos lograr, hacer, crear y destruir con estos conocimientos que hemos robado a la misma vida

viernes, 17 de julio de 2015

FACTORES QUE AFECTAN LA VELOCIDAD DE REACCIÓN

Objetivo: Observar como influyen la temperatura, la naturaleza química de los reactivos, la concentración, el tamaño de la  partícula y la presencia de un catalizador en la velocidad de reacción.

Material y reactivos:
4 vasos de precipitados de 20 ml
1 Termómetro                                            j
1 probeta de 10 ml
Un cronometro
2 jeringas de 10 ml
5 Alka-Seltzer
Agua
Vinagre (CH3COOH)
Agua oxigenada (H2O2)

Procedimiento:
La reacción que se observara en los siguientes experimentos es la reacción del bicarbonato presente en la tableta de Alka-Seltzer con agua para formar acido carbónico que se descompone.

Prueba 1
Efecto de la temperatura:
- Corte la tableta de Alka-SeltzerR a la mitad.
- En un vaso de precipitado coloque la mitad de la tableta de Alka-SeltzerR y en otro coloque la otra mitad.
- Caliente en un vaso de precipitado, aproximadamente 10 ml de agua a unos 80°C, y en otro coloque 10 ml de agua fría (a unos 10°C).
- Succione con una jeringa 5 ml de agua caliente y con la otra jeringa succione 5 ml de agua fría.
- Agregue al mismo tiempo, a cada uno de los vasos que contiene el Alka-SeltzerR, el agua caliente en uno y el agua fría en el otro.
- Con el cronometro mida el tiempo que tarda en disolverse el sólido.
- Anote el tiempo de cada reacción.
Prueba 2
Efecto de la naturaleza química de los reactivos:
- Prepare dos vasos que contengan una mitad de Alka-SeltzerR cada uno.
- Agregue con una jeringa al mismo tiempo 5 ml de agua a una mitad de la tableta y 5 ml de vinagre a la otra mitad.
- Con el cronometro mida el tiempo que tarda en disolverse el sólido.
- Anote sus resultados.
Prueba 3
Efecto de la concentración de uno de los reactivos:
- Coloca en un vaso de precipitado la mitad de la tableta de Alka-SeltzerR, y en otro vaso una
Tableta completa.
- Agrega 10 ml de agua a cada uno al mismo tiempo.
- Con el cronometro mida el tiempo que tarda en disolverse el sólido.
- Anote sus observaciones.

Prueba 4
Efecto del tamaño de partícula:
- Prepare, dos vasos que contengan una mitad de Alka-SeltzerR cada uno, en uno coloca la mitad completa y en el otro vaso coloque la mitad de la tableta pulverizada.
- En cada vaso agregue con una jeringa al mismo tiempo 5ml de agua.
- Con el cronometro mida el tiempo que tarda en disolverse el sólido.
- Anota tus resultados.





Prueba 5
Efecto de la presencia de un catalizador:
Se observara la descomposición del peróxido de hidrogeno en presencia y ausencia de un catalizador:


CUESTIONARIO

1. En la parte experimental del efecto de la temperatura, .cual de las dos reacciones se llevo a cabo mas rápido y ¿porque?

2. Explica cual de las dos reacciones se llevo a cabo mas rápido en la parte experimental del efecto de la
Naturaleza de los reactivos y ¿por qué?
3. Explique cuál de las dos reacciones se llevo a cabo mas rápido en la parte experimental del efecto de la concentración de uno de los reactivos y por que.

4. Explique cual de las dos reacciones se llevo a cabo mas rápido en la parte experimental del efecto del
Tamaño de la partícula y ¿por qué?
5. ¿Cual es la reaccion que se lleva a cabo en la parte experimental del efecto de un catalizador? ¿Por qué?
6. Busca ejemplos de situaciones cotidianas donde se pueda apreciar la velocidad de reacción.
7. ¿Que arde mas rápidamente, un tronco entero o cortado en trozos pequeños? Justifica tu respuesta mediante la teoría de las colisiones?

8. De tu experiencia diaria menciona cuando menos tres ejemplos de reacciones donde se incrementa su velocidad al variar la temperatura, y da una breve explicación.

9. Recopila información sobre los aditivos alimentarios, y utilízala para:

a) Describir la relación entre la catálisis química y la conservación de los alimentos.


b) Encontrar ejemplos de conservantes bacteriostáticos, antioxidantes, estabilizadores, colorantes, humectantes, neutralizadores y agentes afirmadores, señalando que función desempeñan  y cuáles son los códigos con los que se identifican en las etiquetas de los alimentos.
TEMAS SELECTOS DE QUIMICA I

ACTIVIDAD EXPERIMENTAL
PROPIEDADES Y CARACTERISTICAS DE LOS GASES

OBJETIVO
Identificar y reconocer las características y propiedades de los gases

MATERIALES:
Un bote o botella de plástico
Un globo
Hielo
1 Lata de aluminio
1 Soporte universal
1 aro con rejilla de asbesto
1 Mechero de bunsen
1 pinzas
1 cristalizador o recipiente para poder agregar el agua fría y que soporte los cambios de temperatura
Agua con hielo

PROCEDIMIENTO:

EXPERIMENTO 1
http://www.cneq.unam.mx/cursos_diplomados/diplomados/medio_superior/ens_3/portafolios/quimica/equipo3/images/DSC02541_000.JPG 
Se agrega hielo a una botella de plástico vacía

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Se le coloca un globo en la boca de la botella y se agita vigorozamente.

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Se observa que al enfriarse el aire dentro de la botella con el hielo, el aire se contrá provocando que el globo se introduzca en la botella se deforme.

Ø  Observa todo lo ocurrido y anota tus observaciones.
Ø  Elabora las conclusiones acerca de lo ocurrido









EXPERIMENTO 2
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Se calienta una pequeña cantidad de agua en una lata de aluminio hasta llevarla a ebullición, como muestra la figura.

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En un recipiente se agrega agua fria.

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Una vez que la lata presente vapores por la ebullición del agua.

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Se introduce rápidamente boca abajo en el cristalizador.

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Se observa que la lata se deforma violentamente, como lo muestran las figuras.

Ø  Observa todo lo ocurrido y anota tus observaciones.
Ø  Elabora las conclusiones acerca de lo ocurrido





























martes, 30 de junio de 2015

¿ PARA QUE NO SIRVE LA QUIMICA?


Esa es la pregunta que todos los estudiantes y muchas personas se hacen, se confrontan con esta asignatura en las escuelas, sin embargo responder estos es a la vez tan simple y tan complejo como en si misma la vida lo es. en primer lugar hay que considerar que lo que se enseña en las escuelas no es realidad. la química como tal sino una serie de conceptos, formulas y demas reglas y leyes que rigen a la química y las ciencias experimentales, lo cual para muchos es aburrido, ya que no tienen la capacidad o la vision de ver mas alla de lo que esta en sus ojos

viernes, 4 de enero de 2013

EL ELEMENTO 118 ES SINTETIZADO POR QUÍMICOS RUSOS 


Físicos del Instituto Unificado de Investigaciones Nucleares de Dubna sintetizaron el elemento 118 de la tabla periódica que ya fue obtenido por el mismo equipo en 2002, comunicó hoy Vladímir Utenkov del Laboratorio Flerov de Reacciones de Fisión.
El elemento 118 es inestable y no existe de forma natural, se puede obtenerlo sólo en laboratorio. Tampoco existen en la naturaleza los elementos con números atómicos superiores a 92, es decir más pesados que el uranio.
Pero se puede producirlos en reactores atómicos. Como el plutonio, por ejemplo. A su vez, los más pesados que el fermio se obtienen únicamente en aceleradores de partículas bombardeando un blanco con iones pesados. Al fusionarse los núcleos del blanco y del "proyectil" surgen los núcleos del nuevo elemento.
Utenkov recordó que anteriormente en Dubna, a las afueras de Moscú, fueron registrados tres casos de síntesis de los núcleos del elemento 118: el primero en el año 2002 y otros dos en 2005. "Si registramos uno más sería maravilloso", dijo el investigador al agregar que los resultados del experimento están recogidos en un artículo que aparecerá en la prestigiosa revista Physics Review Letters.
En los tiempos de la Unión Soviética, los especialistas del Laboratorio Flerov de Reacciones de Fisión (Instituto Unificado de Investigaciones Nucleares de Dubna) crearon los elementos 104, 105, 106, 107 y 108. Asimismo sintetizaron los elementos súper pesados de números atómicos 112 a 115, y el más pesado para hoy, el elemento 118.

domingo, 4 de diciembre de 2011


Quimifobia

Una de las grandes dificultades que se nos presenta a los Educadores en la Química es la noción popular de que Químico es sinónimo de Perjudicial. Esta concepción es conocida como Quimifobia. Sobre sus orígenes trata el siguiente artículo publicado enCuaderno de Cultura Científica. Es un articulo muy útil para reflexionar con los estudiantes cuando se trabaja en contexto, en el marco de una enseñanza CTS.

Sobre los orígenes de la quimifobia

Publicado: julio 13, 2011 | Autor: zientziakultura | Archivado en: Sociedad | Tags: agricultura orgánica, contaminantes, insecticidas, productos naturales, química, quimifobia | 15 Comentarios »

Autor: Yanko Iruin (@elbuhodelblog), Catedrático de Química Física del Departamento de Ciencia y Tecnología de Polímeros de la UPV/EHU y subdirector de Polymat, Instituto de Materiales Poliméricos. Es autor del Blog del buho (un alegato contra la quimifobia)

La acción conjunta de la ONU y la UNESCO al declarar 2011 como Año Internacional de la Química es señal de que han saltado las alarmas sobre el creciente desapego de los jóvenes occidentales a cursarla en sus estudios, algo que vamos a pagar caro en los próximos años. Y que ya afecta también a otras Ciencias e Ingenierías. Pero el caso de la Química tiene algún matiz adicional, al verse afectada por una extendida percepción social en Occidente según la cual el medio ambiente va de mal en peor y todo lo que comemos, bebemos o respiramos nos conduce a cánceres y trastornos genéticos sin cuento. Metales pesados como el mercurio o el plomo, pesticidas como el DDT, aditivos alimentarios, restos de monómeros y aditivos en la fabricación de plásticos (ftalatos, Bisfenol A), pueblan cabeceras alarmistas en los medios de comunicación. Sin embargo, las agencias que velan por nuestra salud, y los datos objetivos, muestran que nunca hemos vivido y comido más sano y seguro y la prueba del nueve es comparar las esperanzas de vida al principio del siglo XX y en estos años iniciales del XXI.

Los orígenes de esta Quimifobia pueden datarse en 1962, con la publicación del libro de la bióloga Rachel Carson, “The Silent Spring”, en el que cristalizaron las preocupaciones de círculos progresistas americanos sobre los peligros del uso indiscriminado (y habría que decir abusivo) de insecticidas como el DDT o el Lindane. Con antecedentes como el del llamado agente naranja, con el que se deforestaron amplias zonas del Vietnam durante la larga guerra en la que los EEUU se vieron implicados. Hoy sabemos que en su producción se generaban como subproductos miembros peligrosos de la familia de las dioxinas, como el TCDD que, años más tarde (2004), volvió a la actualidad con el envenenamiento del candidato a la presidencia de Ucrania (Viktor Yushchenko). En años anteriores y posteriores a la publicación del libro de Carson, se detectó la intoxicación de la pequeña bahía de Minamata en Japón por metil mercurio (1956), el escape del mismo TCDD en Seveso (1976) y, algo más tarde (1984), la explosión y fuga de isocianato de metilo en Bhopal (india). Y de esos barros, ya algo antiguos, nacen muchos de los lodos que alarman a la población.

En parte, esas alarmas se producen como consecuencia de avances en la actividad científica que, paradójicamente, debieran haber inducido el efecto contrario. Coetáneos con el libro de la Carson son los primeros avances espectaculares en técnicas analíticas capaces de detectar cantidades muy pequeñas de sustancias químicas en agua o aire. James Lovelock, autor de la Hipótesis Gaia y considerado por muchos como uno de los padres del ecologismo, fue también quien desarrolló en esos años el detector de captura electrónica (ECD), un dispositivo que revolucionó los niveles de detección de sustancias químicas mediante la técnica conocida como cromatografía de gases. Hoy en día, los modernos ECD nos permiten detectar DDT o Lindane en niveles cien millones de veces inferiores a los que detectaba el detector de Lovelock. Paralelamente, otras técnicas analíticas han mejorado sus capacidades y hoy podemos emplearlas para detectar sustancias en cantidades próximas a una parte por trillón (1ppt) o, lo que es igual, un miligramo de sustancia potencialmente peligrosa en 1000 toneladas de producto analizado. Pero trasladar a la población que esos avances permiten certificar la seguridad de lo que comemos o respiramos parece una titánica labor imposible de conseguir.

“Culpable” también del alarmismo quimifóbico es la proliferación de estudios que tratan de establecer relaciones causa/efecto entre productos químicos y enfermedades. Se trata de estudios rigurosos (en la gran mayoría de los casos) realizados desde dos ópticas: los basados en análisis de poblaciones humanas expuestas a un producto químico y los que, ante indicios sobre la peligrosidad de un cierto producto, tratan de probar esa peligrosidad con animales de laboratorio a los que, muchas veces, se administran dosis elevadas del mismo. En el primer caso, los resultados no son siempre concluyentes, dada la dificultad de interpretarlos en sistemas de tantas variables como los organismos vivos. En el segundo caso, extrapolar a exposiciones mucho más bajas que las suministradas a los animales de laboratorio es siempre, como en todas las extrapolaciones, algo muy arriesgado.

Si, además, el manejo posterior de los datos, en internet y en los medios, carece del adecuado rigor en términos estadísticos, el nivel de alarma se dispara en la población. Valga como ejemplo un estudio realizado en los noventa por la canadiense International Agency for Research on Cancer (IARC) sobre la relación entre el cloruro de vinilo, un gas empleado en la fabricación de PVC, y el desarrollo de un cáncer de hígado conocido como angiosarcoma. Se estudió una población de 14.351 individuos que habían estado expuestos al citado gas en 19 factorías europeas. Frente a los 8 casos de angiosarcoma que, estadísticamente, se dan en cualquier población no expuesta al mencionado gas, en ese estudio se encontraron 24 casos, algo que confirmaba su relación con la enfermedad. Pero los resultados se pueden dar de dos maneras: una, la población expuesta al gas tiene un 300% más de posibilidades de sufrir de cáncer de hígado, lo que inducirá, sin duda alguna, a la alarma. Pero tiene el mismo rigor estadístico decir que un 2 por mil de la población investigada, expuesta durante largos años al gas, desarrolló un cáncer de hígado, aunque, evidentemente, la alarma social no es la misma en este segundo enunciado.

Hechos como los que anteceden han generado, entre otros corolarios, la ya popular disyuntiva entre lo natural (bueno) y lo sintético o químico (perjudicial), resultando casi imposible introducir en el debate hechos que invaliden claramente esa percepción. Como es el caso de muchas sustancias naturales que son letales a dosis francamente pequeñas, como la toxina botulínica (bótox), el ácido oxálico de algunas verduras como el ruibarbo o las espinacas, venenos de plantas (belladona), tubérculos (solanina de las patatas) y setas (muscarina) o ese simpático alcaloide al que llamamos cafeína. Está bien documentada la presencia de sustancias químicas peligrosas en alimentos que consumimos desde siempre, como los hidrocarburos aromáticos policíclicos (HAPs), presentes en carnes preparadas en parrillas o barbacoas. Algunos HAPs como los benzopirenos son tan cancerígenos como las dioxinas. Algo similar ocurre con la acrilamida, un reputado cancerígeno que se genera merced a las reacciones de Maillard en procesos como la fritura de las modestas patatas fritas o en el tostado del café.

El mundo de los aditivos alimentarios también tiene sus casos emblemáticos en esta disyuntiva. Si uno, por ejemplo, introduce en google Monosodium glutamate (MSG), obtiene casi dos millones de entradas, la mayoría de ellas previniendo de los riesgos del uso de este potenciador de sabor que, en los medios más innovadores de la gastronomía, se identifica ahora con el quinto sabor (umami). Y entre esas entradas, uno encuentra muchos estudios con animales de laboratorio sometidos a dosis elevadas de MSG y resultados alarmantes. Sin embargo, el MSG es producido de forma “natural” en la leche materna en cantidades de 200 ppm y ha sido ingerido, desde la noche de los tiempos, por nuestros más tiernos infantes. Encontrándose también en concentraciones similares en quesos como el Roquefort o en los tomates.

Todas estas cuestiones han generado una picaresca que se resiste a ser desmontada. Es corriente, por ejemplo, encontrar en tiendas de productos ecológicos o “naturales” mermeladas y otros productos que declaran emplear citratos o pectina de manzana como aditivos reafirmantes o gelificantes. Por sus resonancias gramaticales suenan a naturales, pero ambos son producidos en procesos industriales que implican la mano humana con manejo de ácidos y bases, controles en el pH o el empleo de sustancias químicas como el isopropanol. El marketing perverso hace que en la etiqueta, y detrás de esos productos, no se coloque el código E correspondiente, (E-333 en el caso del citrato, E-440 en el caso de la pectina), algo a lo que obliga la legislación europea en materia alimentaria. Se nos vende, igualmente, la idea de que la mal llamada agricultura orgánica no emplea pesticidas, cuando lo cierto es que emplean sustancias como el llamado polvo de Derris (una familia de plantas), que debe su validez como insecticida a su alto contenido en rotenona, una molécula muy peligrosa para la vida acuática y que recientes estudios sobre animales la ligan al Alzheimer. Resultados de este tipo serán más corrientes cuando las agencias destinadas a velar por nuestra salud usen las mismas varas de medir y empiecen a considerar con seriedad la composición de los productos de esas tiendas, herboristerías, etc.

Algo que ya ha empezado a hacer tímidamente el Departamento de Salud americano. En su 12th Report on Carcinogens, hecho público por el 10 de junio de este año, incluía ocho nuevas sustancias con claras sospechas de relación con el cáncer basadas en estudios in vivo. Entre ellas, dos que se encuentran en cantidades significativas en preparados de la medicina tradicional china: los ácidos aristolóquicos y la rideliina. Lo que no es sino el reflejo de lo que ha puntualizado en repetidas ocasiones el bioquímico Bruce N. Ames, Profesor de Bioquímica en Berkeley e inventor del test de Ames, un método efectivo y barato para evaluar el carácter cancerígeno de una sustancia: “En cualquier caso, el 99.9% de las sustancias químicas que comemos son de origen natural. Por ejemplo, el 99.99% de los pesticidas que ingerimos son productos químicos naturales presentes en las plantas como recurso para ahuyentar insectos y otros depredadores. Más de la mitad de esas moléculas que se han chequeado en el laboratorio con animales (y se han chequeado pocas) son cancerígenas a las altas dosis habitualmente empleadas. Hay 10.000 o más pesticidas naturales en nuestra dieta y están presentes a dosis mucho más altas de las que están los pesticidas sintéticos”. O también: “Una taza de café es un cóctel químico. Se han identificado en ella cientos de productos químicos. Sólo se han probado en laboratorio unas decenas y la gran mayoría son cancerígenos” (como la acrilamida antes citada). “Hay del orden de 10 miligramos de conocidos carcinógenos en una taza de café y eso es más que los que uno puede ingerir en un año, derivados de los pesticidas sintéticos”.